Dirección Noam
Murro
Guión Zack Snyder/Kurt Johnstand
Fotografía Simon
Duggan
Música Junkie XL
Producción Mark
Canton/Bernie Goldmann/Gianni Nunnari/
Deborah Snyder/Zack Snyder/Thomas Tull
Sullivan Stapleton
Eva Green
Lena
Headey
Rodrigo
Santoro
Hans Matheson
Callan Mulvey
Jack O´Connell
David Wenham
Andrew Tiernan
Peter Mensah
Igal
Naor
Andrew
Pleavin
Durante
la batalla de Maratón, el general ateniense Temistocles logra dar muerte al rey
persa Dario I en presencia de su hijo, un joven llamado Jerjes, quien queda
marcado por la muerte de su padre y su propia incapacidad para haberla evitado.
El nuevo rey, aconsejado por la general persa Artemisa, clama venganza contra
el pueblo griego por la muerte de su progenitor, aunque para llevar adelante
tan magno objetivo primero ha de convertirse en un Dios dentro de sus propias
filas.
Tardía
continuación de la cinta de Zack Snyder, quien en esta ocasión se reserva el
papel de productor y guionista ante la imposibilidad de abordar el rodaje de la
cinta por su compromiso con El hombre de acero (2013), la película en realidad
discurre en paralelo a la historia narrada en 300 (2004), a excepción del prólogo que tiene lugar diez
años atrás de los acontecimientos de las Termopilas y el tramo final, que
sucede tras la muerte de Leonidas y sus hombres. Hay que reconocer que la cinta
en ese sentido es inteligente al abordar posiblemente la única línea de acción
que pudiera dar continuidad a los hechos narrados en la película de 2004 tras
la muerte de un personaje tan fundamental como Leonidas, para lo cual toma como
base la nueva novela gráfica de Frank Miller, Xerxes, que en el momento de
rodarse la película aún no estaba ultimada. Sin embargo, y con las evidentes
patadas a la historia real de lo acontecido,
300, el origen de un imperio es una entretenida secuela que mantiene inteligentemente
las líneas centrales que definían la película de Zack Snyder.
Y es que
a nivel visual la cinta dirigida por el inexperto Noam Murro, quien únicamente
contaba con un título a sus espaldas antes de abordar un proyecto tan
ambicioso, sigue resultando espectacular a pesar de carecer del elemento
novedoso que tuvo en su día la película de Snyder. Una vez más el total del
rodaje ha sido abordado desde la pantalla verde y el croma para añadir
escenarios y efectos en un laborioso trabajo de post producción. Tratando de
buscar su propia identidad, en esta ocasión la cinta se centra en unas
espectaculares batallas navales frente a la lucha cuerpo a cuerpo de 300, con
el consiguiente problema que tiene la animación por ordenador del agua, efecto
que sin embargo queda bastante logrado. Algo más artificial resulta la sangre
utilizada, no tanto por su ingente cantidad sino por un tono rojizo coagulado y
una plasticidad que la hacen excesivamente artificial. Este efecto que en los
primeros momentos resulta falso y forzado acaba por convencer integrado como
está en un formato cinematográfico de puro comic, con lo que esta
artificialidad de la que hablamos acaba por encajar en el estilo visual de la
propuesta.
Exceso
como decíamos en la sangre pero que acompaña a unas secuencias en las batallas
donde no se cargan medias tintas en la utilización de la violencia, ya que las
amputaciones y otras heridas de soldados se muestran sin cortapisas de ningún
tipo en una propuesta honesta con el comic que sirve de fuente, no rebajándose
el tono de violencia en busca de cuota de mercado cinematográfica, política
habitual de las productoras hoy en día, lo que supone un punto a favor de la
película. Esta es una película sin embargo que puede resultar ofensiva a todas
luces a los amantes del cine histórico, ya que como apuntábamos, la historia se
ha desvirtuado en pos de la espectacularidad, siendo el objetivo principal el
ofrecer un espectáculo visual a la altura. Se consigue, pero dejando heridos en
el camino, como son la fidelidad a los hechos narrados o el intento de
potenciar los momentos más reposados y donde ha de tirarse del carro de las
interpretaciones, instantes en los que, sin llegar a aburrir, sí que es cierto
que la cinta una vez deja de lado los momentos de batallas pierde fuste, algo
que no sucedía con 300, que sabía mantener durante todo el metraje un aura de
epicidad que aquí se intenta imitar pero sin repetir resultados.
Buena
parte de esta última idea apuntada recae en la ausencia de un personaje con la
fuerza de Leónidas, ya que si bien Temistocles trata en varios momentos de
repetir las arengas de su antecesor, no logra ni la fuerza en las palabras
guionizadas ni el tono en la propia interpretación. Y no es que Sullivan Stapleton
brinde una mala actuación, es el propio personaje el que no posee la garra y empaque
que tenía el regalo que recayó en su día en Gerald Butler a la hora de dar vida
a Leonidas. Por el contrario esta secuela posee su propio personaje destacable
en la figura de Artemisa, interpretado por una estupenda Eva Green que sabe
dotar a su personaje de toda la fuerza y magnetismo que precisa, monopolizando
el interés en pantalla cada vez que aparece y logrando eclipsar no solo al
propio protagonista, sino a Jerjes, a priori el villano de la función,
recordemos que la película se basaba en el comic con su propio nombre, pero que
queda finalmente relegado a un papel segundón una vez se vislumbra el potencial
que tiene el papel de Artemisa, potencial al que Eva Green no deja escapar la
oportunidad brindando con esta villana con una sed de venganza justificada uno
de esos malos que acaban por enamorar al público quedando en el recuerdo por
encima del héroe de la función. Repiten varios secundarios de la cinta de 2004,
comandados por una Lena Headey que no logra disimular del todo el paso de los
años, ni más ni menos que una década, y que en esta ocasión si, toma las armas
para liderar a la escuadra espartana.
Un
fresco blockbuster que no pretende dar lecciones de historia ni convertirse en
la película más seria del año, sino que trata de mantener al espectador pegado
a la butaca durante dos horas con su cabeza puesta en las batallas navales, las
arengas a los soldados, las ansias de venganza y las luchas cuerpo a cuerpo. Lo
consigue, hemos de reconocerlo, pero también es cierto que deja por el camino buena
parte de la epicidad que Zack Snyder si logró
imponer en su obra 300. Quizás sea que los atenienses carezcan de la garra de
los espartanos. De la garra y posiblemente de Leónidas.
Henry Jeckyll















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