300 EL ORIGEN DE UN IMPERIO


(300, Rise of an empire, 2014) 102´

Dirección               Noam Murro
Guión                    Zack Snyder/Kurt Johnstand
 Fotografía            Simon Duggan
Música                   Junkie XL
Producción           Mark Canton/Bernie Goldmann/Gianni Nunnari/
Deborah Snyder/Zack Snyder/Thomas Tull

Sullivan Stapleton
Eva Green
Lena Headey
Rodrigo Santoro
Hans Matheson
Callan Mulvey
Jack O´Connell
David Wenham
Andrew Tiernan
Peter Mensah
Igal Naor
Andrew Pleavin



Durante la batalla de Maratón, el general ateniense Temistocles logra dar muerte al rey persa Dario I en presencia de su hijo, un joven llamado Jerjes, quien queda marcado por la muerte de su padre y su propia incapacidad para haberla evitado. El nuevo rey, aconsejado por la general persa Artemisa, clama venganza contra el pueblo griego por la muerte de su progenitor, aunque para llevar adelante tan magno objetivo primero ha de convertirse en un Dios dentro de sus propias filas.


Tardía continuación de la cinta de Zack Snyder, quien en esta ocasión se reserva el papel de productor y guionista ante la imposibilidad de abordar el rodaje de la cinta por su compromiso con El hombre de acero (2013), la película en realidad discurre en paralelo a la historia narrada en 300 (2004),  a excepción del prólogo que tiene lugar diez años atrás de los acontecimientos de las Termopilas y el tramo final, que sucede tras la muerte de Leonidas y sus hombres. Hay que reconocer que la cinta en ese sentido es inteligente al abordar posiblemente la única línea de acción que pudiera dar continuidad a los hechos narrados en la película de 2004 tras la muerte de un personaje tan fundamental como Leonidas, para lo cual toma como base la nueva novela gráfica de Frank Miller, Xerxes, que en el momento de rodarse la película aún no estaba ultimada. Sin embargo, y con las evidentes patadas a la historia real de lo acontecido,  300, el origen de un imperio es una entretenida secuela que mantiene inteligentemente las líneas centrales que definían la película de Zack Snyder.

Y es que a nivel visual la cinta dirigida por el inexperto Noam Murro, quien únicamente contaba con un título a sus espaldas antes de abordar un proyecto tan ambicioso, sigue resultando espectacular a pesar de carecer del elemento novedoso que tuvo en su día la película de Snyder. Una vez más el total del rodaje ha sido abordado desde la pantalla verde y el croma para añadir escenarios y efectos en un laborioso trabajo de post producción. Tratando de buscar su propia identidad, en esta ocasión la cinta se centra en unas espectaculares batallas navales frente a la lucha cuerpo a cuerpo de 300, con el consiguiente problema que tiene la animación por ordenador del agua, efecto que sin embargo queda bastante logrado. Algo más artificial resulta la sangre utilizada, no tanto por su ingente cantidad sino por un tono rojizo coagulado y una plasticidad que la hacen excesivamente artificial. Este efecto que en los primeros momentos resulta falso y forzado acaba por convencer integrado como está en un formato cinematográfico de puro comic, con lo que esta artificialidad de la que hablamos acaba por encajar en el estilo visual de la propuesta.

Exceso como decíamos en la sangre pero que acompaña a unas secuencias en las batallas donde no se cargan medias tintas en la utilización de la violencia, ya que las amputaciones y otras heridas de soldados se muestran sin cortapisas de ningún tipo en una propuesta honesta con el comic que sirve de fuente, no rebajándose el tono de violencia en busca de cuota de mercado cinematográfica, política habitual de las productoras hoy en día, lo que supone un punto a favor de la película. Esta es una película sin embargo que puede resultar ofensiva a todas luces a los amantes del cine histórico, ya que como apuntábamos, la historia se ha desvirtuado en pos de la espectacularidad, siendo el objetivo principal el ofrecer un espectáculo visual a la altura. Se consigue, pero dejando heridos en el camino, como son la fidelidad a los hechos narrados o el intento de potenciar los momentos más reposados y donde ha de tirarse del carro de las interpretaciones, instantes en los que, sin llegar a aburrir, sí que es cierto que la cinta una vez deja de lado los momentos de batallas pierde fuste, algo que no sucedía con 300, que sabía mantener durante todo el metraje un aura de epicidad que aquí se intenta imitar pero sin repetir resultados.

Buena parte de esta última idea apuntada recae en la ausencia de un personaje con la fuerza de Leónidas, ya que si bien Temistocles trata en varios momentos de repetir las arengas de su antecesor, no logra ni la fuerza en las palabras guionizadas ni el tono en la propia interpretación. Y no es que Sullivan Stapleton brinde una mala actuación, es el propio personaje el que no posee la garra y empaque que tenía el regalo que recayó en su día en Gerald Butler a la hora de dar vida a Leonidas. Por el contrario esta secuela posee su propio personaje destacable en la figura de Artemisa, interpretado por una estupenda Eva Green que sabe dotar a su personaje de toda la fuerza y magnetismo que precisa, monopolizando el interés en pantalla cada vez que aparece y logrando eclipsar no solo al propio protagonista, sino a Jerjes, a priori el villano de la función, recordemos que la película se basaba en el comic con su propio nombre, pero que queda finalmente relegado a un papel segundón una vez se vislumbra el potencial que tiene el papel de Artemisa, potencial al que Eva Green no deja escapar la oportunidad brindando con esta villana con una sed de venganza justificada uno de esos malos que acaban por enamorar al público quedando en el recuerdo por encima del héroe de la función. Repiten varios secundarios de la cinta de 2004, comandados por una Lena Headey que no logra disimular del todo el paso de los años, ni más ni menos que una década, y que en esta ocasión si, toma las armas para liderar a la escuadra espartana.

Un fresco blockbuster que no pretende dar lecciones de historia ni convertirse en la película más seria del año, sino que trata de mantener al espectador pegado a la butaca durante dos horas con su cabeza puesta en las batallas navales, las arengas a los soldados, las ansias de venganza y las luchas cuerpo a cuerpo. Lo consigue, hemos de reconocerlo, pero también es cierto que deja por el camino buena parte de la  epicidad que Zack Snyder si logró imponer en su obra 300. Quizás sea que los atenienses carezcan de la garra de los espartanos. De la garra y posiblemente de Leónidas.

Henry Jeckyll        

    















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