Dirección José Padilha
Guión Joshua Zetumer/Edward
Neumeier/
Michael Miner
Fotografía Lula Carvalho
Música Pedro Bromfman
Producción Marc Abraham/Eric Newman
Joel
Kinnaman
Gary Oldman
Michael Keaton
Abbie Cornish
Jackie Earle Haley
Michael Kenneth Williams
Jennifer Ehle
Jay Baruchel
Marianne Jean-Baptiste
Samuel L. Jackson
John Paul Ruttan
Patrick
Garrow
Zach
Grenier
La poderosa
multinacional Omnicorp intenta por todos los medios que dentro de Estados
Unidos sea posible utilizar sus robots en funciones de seguridad ciudadana,
algo que ya hacen en territorios del extranjero donde existen conflictos
bélicos. Sin embargo la ley Dreyfus impide este hecho al considerar que estas
funciones no pueden ser ejercidas por máquinas sin capacidad de raciocinio ni
de empatía alguna. Finalmente encuentran la solución a su problema en el hecho
de incorporar a un ser humano dentro de la máquina. Paralelamente el agente
Alex Murphy trabaja para detener a un peligroso traficante de armas, investigación
que ha llevado a su compañero al hospital al ser descubiertos mientras trabajaban
infiltrados. Este hecho confirma sus sospechas de la existencia de una red de corrupción
policial que trabaja para este criminal, pero al acercarse tanto a la verdad
los criminales a los que persigue deciden acabar con su vida poniendo una bomba
en su automóvil que al explosionar deja a Murphy con una única oportunidad de
supervivencia.
Mucho
miedo es lo que tenía a este remake de uno de los más grandes títulos de la
ciencia ficción de los ochenta en base a las informaciones e imágenes que iban
llegando del rodaje y a los notables problemas que el director José Padilha, y
que el mismo puso de manifiesto, estaba encontrando para sacar adelante su idea de este nuevo
Robocop, lo que le llevó a una constante confrontación con la productora,
deseosa únicamente por su parte de rentabilizar el enorme presupuesto
invertido. Es por ello que podemos
respirar en parte aliviados por el resultado final que, si bien queda lejos de
la categoría de la obra de Verhoeven, al menos logra entretener durante dos
horas al espectador, mostrando su director una profesionalidad a prueba de los
propios sabotajes de la productora a los que finalmente hubo de plegarse. Poco
más vamos a encontrar en esta re visitación del agente mitad robot, mitad
hombre.
Lo
primero sería el remarcar que esta nueva versión trata en parte de desligarse
de la película original, de la que si bien toma la idea central, personajes y
rinde pleitesía para gozo de los fans de la cinta de Verhoeven con la intro de
Basil Poledoruis en la presentación del título (no volveremos a oír la excelsa
banda sonora compuesta casi treinta años atrás) o el uso de la conocida frase
“Vivo o muerto vienes conmigo”, eso sí, sin la fuerza ni empaque que estas
palabras tenían en 1987, se aleja bastante de la obra original en la medida que
su eje central no se encuentra en la venganza de Robocop contra quienes han
provocado la muerte de Alex Murphy sino que se apoya en el conflicto interno de
Murphy, algo que en la película de Verhoeven se resolvía en apenas unas pocas
secuencias. El guion no aborda su personaje como el de un robot con recuerdos
humanos, sino que toma toda la humanidad y conciencia del personaje y la
introduce en el cuerpo de un robot, Alex Murphy sigue siendo un ser humano y
eso lleva a que pueda ahondarse primero en su rechazo visceral a vivir de esa manera
(llegando a pedir su propia muerte) para posteriormente trasladarnos el
conflicto vital de un hombre y su familia que sabe nada volverá a ser como
antes. La idea en su origen es interesante y Padilha logra mantener el ritmo de
la cinta a pesar del tiempo que dedica la película a esta trama y que ralentiza
la propia historia, sin embargo todo queda en nada ya que no hay una conclusión
en la película a esta idea, no hay un cierre del enorme conflicto planteado más
allá de la tópica secuencia en la que Murphy se lanzará al rescate de su
familia. Lo mismo puede decirse de las diferentes sub tramas que van copando
protagonismo en función del avance de la película y que son despachadas de la
forma más simplona y facilona. La venganza contra quienes atentaron contra él,
el destape de la red de corrupción interna dentro de la policía, el propio
enfrentamiento contra Omnicorp…cada momento se solventa rápidamente y por la
vía más fácil.
Luego
está la forma en que esta nueva versión toma los elementos que mejor definían
la película original y los modifica o actualiza. Seguimos teniendo a Omnicorp,
una mega corporación ambiciosa y sin escrúpulos deseosa de ganar miles de
millones a costa de lo que sea, idea que sigue ahora tan plenamente vigente
como lo era hace treinta años. Ese universo de yuppies ambiciosos y codiciosos
hasta llegar al asesinato ha sido modificado por las maneras de hombres de
tecnología más amanerados en las formas pero igualmente detestables. Otro de
los elementos que podemos ver (muy de soslayo esta vez) es el papel de la
televisión en la sociedad del futuro, aunque si en 1987 se ahondaba más en la
idea de contar como era esa sociedad deshumanizada mediante insertos de
informativos o anuncios, ahora todo se centra en un único programa de televisión
al servicio de los planes de la corporación Omnicorp en su empeño de derogar la
ley Dreyfus que les impide desarrollar una multimillonaria línea de negocio.
Por último tenemos el asunto de la violencia, muy comentado en tanto mientras
Verhoeven tuvo que rebajar la intensidad de su montaje inicial para eludir la
peligrosa X, en esta ocasión los productores tenían claro que necesitaban como
mucho un PG13 para estrenar la película sin las trabas iniciales de una
calificación por edades que redujera el mercado de espectadores potenciales (ya
hablábamos antes que su máxima era recuperar la inversión). Esto provoca que la
violencia esté muy suavizada, las muertes tengan lugar fuera de plano, apenas
haya sangre…la propia escena del ataque a Murphy es lo suficientemente
elocuente, ya que mientras Verhoeven se recreó en la tortura y mutilación a la
que era sometido el policía, en esta ocasión se recurre a una explosión, medio mucho
más aséptico y menos explícito. Reconocer sin embargo la soltura de Padilha a
la hora de rodar las escenas de acción, posiblemente los momentos mejor
filmados de la película. Desde el ataque suicida en Teherán, pasando por el
adiestramiento de Robocop frente a decenas de droides, el ataque al escondite
de Antoine Vallon rodado con cámaras de infrarrojos o la lucha contra los
ED-209 (otro elemento icónico del original que se respeta), hay que alabar la
manera en la que el director posiciona la cámara, filma con distintos estilos
sin perder calidad, con un ritmo endiablado y haciendo posible ver lo que está
filmando a pesar de la velocidad que impregna el montaje de estas secuencias.
Pero sucede, al igual que en el resto de película, que incluso en estos
momentos el director ha pisado el freno y no se ha llegado hasta donde posiblemente
se podía, ya que la sensación en estas escenas es de la existencia de cortes
abruptos en el montaje, reducción en la duración de las escenas, un constante
autocontrol en lo filmado.
Conocido
plantel de intérpretes que al igual que sucediera en 1987 está liderado por un
actor bastante desconocido para interpretar a Murphy/Robocop, en esta ocasión
el intérprete sueco Joel Kinnaman. Kinnaman ha tenido la suerte de no padecer
el suplicio de Peter Weller para dar vida a Robocop, ya que al abordarse este
personaje desde su lado más humano, tanto los movimientos como la propia
expresividad no imitan tanto la de un cyborg, lo que facilitaba el trabajo
actoral (especialmente de expresión) del intérprete. Junto al protagonista el
últimamente omnipresente Gary Oldman, quien brinda un estupendo y comedido
papel tal y como nos suele tener acostumbrados sin caer en el histrionismo de
antaño. Excesos que si son patentes en un Michael Keaton algo forzado en su
composición de presidente de Omnicorp, y que acaban restándole poder al
personaje. Otro que está en todas es Samuel L. Jackson, de quien siempre se
agradece su presencia, ya que su sola aparición llena la pantalla. El camaleónico actor se mete en la piel de
polemista y nada objetivo periodista al único servicio de Omnicorp y sus
propósitos.
Una
película que entretiene, no vamos a negar lo evidente, pero que ni de lejos
tiene capacidad para generar una franquicia por sí misma, y qué decir de
acercarse al nivel de calidad cinematográfica de la cinta de Paul Verhoeven, la
cual, curiosamente parece más actual en los asuntos que trata que el propio remake. Esta versión queda para
el disfrute de una historia entretenida pero sin poso, un trabajo digno por
parte de un director que a punto estuvo de bajarse del proyecto en marcha.
Servidor a la hora de revisitar la historia seguirá recuperando su DVD de la
cinta de 1987, con muchas más cualidades para soportar el obligado re visionado
anual.
Henry Jeckyll















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