(Rec 4, 2014) 94´
Dirección Jaume Balagueró
Guión Jaume Balagueró/Manu Diez
Fotografía Pablo Rosso
Música Arnau Bataller
Producción Julio Fernández
Manuela
Velasco
Paco
Manzanedo
Héctor
Colomé
Ismael
Fritschi
Críspulo
Cabezas
Mariano
Venancio
María
Alfonsa Rosso
Emilio
Buale
Paco
Obregón
Carlos
Zabala
Javier
Laorden
Cristian
Aquino
Un
operativo especial irrumpe en un edificio donde ha tenido lugar un extraño
brote vírico desconocido que convierte a sus infectados en una especia de brutales
zombies, lo que ha provocado la muerte de varias personas y el aislamiento por
cuarentena del inmueble por parte de las autoridades. Cuándo van a abandonar el lugar tras colocar varias cargas
explosivas y sufrir un par de bajas por un ataque de infectados que todavía se
encontraban en los pisos, una mujer, la reportera Ángela Vidal, aparece bajando
las escaleras de la zona del ático. Es la única superviviente de la pesadilla
vivida la noche anterior.
Cuarto
episodio de una de una de las franquicias más potentes del cine de terror
español, eso a pesar que las películas pares, la dos y la que nos ocupa, sean algo
inferiores a las impares, con una primera cinta erigida por méritos propios
como una de las grandes películas de terror de los últimos años y una tercera
entrega que rompía inteligentemente el
estilo visual y de concepto de sus antecesoras para abrir nuevos horizontes a
la franquicia. En esta ocasión, la primera vez que Jaume Balagueró se encarga
en solitario de un título de Rec (las dos primeras películas las dirigió al alimón con Paco Plaza), se vuelve
al espíritu más oscuro y tenebrista anterior a la cinta de Paco Plaza en
solitario, donde se apostaba por un modo más alocado y evasivo de redefinir la
saga, modificando el terror claustrofóbico de las dos primeras partes por una
acción desenfrenada y goremaniaca.
Muy inteligentemente
se ha optado por ubicar la historia en un barco en medio de la mar sin
posibilidad de regresar a tierra ni de escapar en los botes salvavidas. Una
idea nada original pero que justifica la única opción de los protagonistas de
enfrentarse una vez más a un numeroso grupo de infectados a la par que dota a
la película de un escenario magnífico, lleno de pasillos angostos y techos
bajos, claraboyas en las puertas y salas de máquinas donde tras cada esquina
puede acechar el peligro. El mayor pero de la historia es como a lo largo de la
serie de películas se han ido dando diferentes explicaciones al fenómeno de la
infección. Hemos pasado por la opción de un virus animal que ha sido transmitido
a los hombres, la idea religiosa con la posesión de la niña Medeiros como la
más acertada para quien esto escribe por su originalidad a la hora de explicar
la epidemia y además por los propios miedos atávicos que el tema religiosos
genera de por sí. Sin embargo ya en la segunda entrega, y ahora se refrenda la
idea, se apuesta por la historia de un parásito que como en Hidden, lo oculto
(1987) pasa de huésped en huésped buscando infectar al mayor número de personas
posibles en el camino. Esta idea posibilita al director jugar con la una vez
más nada original idea de tratar de averiguar quién es el portador de esta
criatura con forma de lombriz de enormes dimensiones. Otro punto de ruptura
especialmente con las dos primeras entregas es la apuesta abierta ya por un
cine de acción con un trasfondo terrorífico más que por el terror puro que
presidía las primeras cintas de la saga. Pero frente al mayor nivel de
cachondeo que tenía la tercera película (aunque con momentos sumamente
dramáticos recordémoslo), en esta ocasión se vuelve a la seriedad que
caracterizaba el resto de películas.
Si bien
la historia tira por las directrices habituales en este tipo de propuestas, faltando
las ideas originales que hicieron de Rec un pelotazo en el momento de su
estreno, Balagueró utiliza la cámara con gran habilidad técnica, sabiendo jugar
además con lo angosto de los propios pasillos y salas del barco donde tiene
lugar la trama para potenciar la idea de desasosiego de las secuencias de
terror. Abunda la cámara al hombro pero ello no impide mostrar las escenas
rodadas bajo este formato con la nitidez necesaria, conjugando de esta manera
el estilo directo y más realista de la filmación con la cámara en constante movimiento
y la superposición de planos con la necesidad de no marear al espectador, lo
que permite además poder disfrutar de los excelentes maquillajes que
caracterizan la saga y que muestran unos infectados espectaculares, teniendo el
director dentro del área de efectos de maquillaje y visuales uno de sus mayores
aliados a la hora de contar la historia con acierto. Esos monos infectados son
directamente espectaculares
El
estilo found footage o de metraje encontrado se desecha a la hora de presentar
la historia, algo que ya había iniciado Paco Plaza en la tercera entrega y que
es la opción más inteligente para no resultar repetitivos ni trabajar con un
guion limitado por esta traba. Sin embargo si se mantiene este leit motive de
toda la saga con la implementación de las cámaras de seguridad que vigilan
todos los rincones del barco y que ofrecen la posibilidad de mostrar en
determinados momentos planos de los monitores de vigilancia, recordando a los espectadores que todo comenzó con una cámara de televisión filmando en tiempo real.
Manuela
Velasco vuelve a ponerse a la cabeza de la historia con el personaje
de Ángela Vidal, convertida para la ocasión en una mujer de armas tomar dentro
de la corriente actual de dotar de protagonismo a mujeres de acción. El resto
de reparto está formado por profesionales competentes aunque no demasiado
conocidos a nivel de público, idea inteligente que trata de dotar a la cinta de
actores eficientes pero que resulten
creíbles para el espectador, algo que suele fallar en ocasiones al
introducir rostros demasiado conocidos. Aunque sucede algo extraño ya que si a
nivel general las interpretaciones están bien resueltas y encajadas en la
historia, hay ciertos momentos, centrados especialmente en la parte inicial de presentación
y desarrollo de los personajes que estas resultan algo forzadas. Nada grave, curiosamente una vez se inicia la acción desaparece esa sensación de artificialidad en las interpretaciones.
Una
estimable cuarta entrega que confirma que en España hay notables profesionales en
ámbitos tanto creativos como técnicos para ofrecer películas de género más allá
de los estereotipos de la comedia y el drama al que parece debemos estar limitados. Si bien es inferior a la primera
y tercera partes, está muy por encima de películas similares norteamericanas introducidas
en nuestro país a docenas. Perfecto ejemplo de una franquicia que sigue viva y fresca, dicho lo cual únicamente queda una duda a plantear, ¿Por
qué el subtítulo de Apocalipsis?
Henry Jeckyll















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