LA CABAÑA EN EL BOSQUE


(The cabin in the woods, 2012) 95´

Dirección               Drew Goddard
Guión                    Joss Whedon/Drew Goddard
Fotografía             Peter Deming
Música                   David Julyan
Producción           Joss Whedon

Kristen Connolly
Fran Kranz
Jesse Willams
Chris Hemsworth
Anna Hutchison
Richard Jenkins
Bradley Withford
Brian White
Amy Acker
Tim De Zarn
Sigourney Weaver

Un grupo de amigos se prepara para pasar un fin de semana en la cabaña que el primo de uno de ellos acaba de adquirir en medio de un tranquilo bosque. Una vez llegan al lugar y mientras se encuentran de fiesta la trampilla que da acceso al sótano se abre bruscamente, decidiendo bajar los jóvenes a inspeccionar el lugar, encontrando una sala repleta de objetos extraños y a cada cual más tenebroso.


Antes de comenzar a hablar de la cinta que hoy nos ocupa una pregunta, ¿ha visto amigo lector la película? En caso negativo hágase un favor a sí mismo, no lea todavía esta crítica, no lea nada relacionado con La cabaña en el bosque, limítese a sentarse frente a su butaca más cómoda y a ver y disfrutar de la película, ya que este es uno de esos títulos de los que cuánto menos haya oído, leído o visto antes de enfrentarse a ella por primera vez mayor será su capacidad de disfrutarla. Dicho esto, y si usted es de los que le gusta leer opiniones ajenas para saber si merece la pena o no el pasar dos horas de su tiempo frente a la pantalla del cine o del televisor una única cosa. Con La cabaña en el bosque merece la pena utilizar ese tiempo, no lo lamentará. Y ahora bien, si ya ha visto la película puede pasar al siguiente párrafo y comenzar a leer la crítica.

Muchos hablan de La cabaña del bosque centrando el debate en la capacidad para sorprender que tiene la cinta, como toma los clichés del cine de terror y les da una vuelta genial para hacernos ver que todo tiene su porque. Whedon y Goddard, viejos conocidos y colaboradores y máximos artífices de la película son grandes fans del terror y la ciencia ficción, lo cual queda perfectamente reflejado en la cantidad de guiños, homenajes y personajes que pueblan la película, que se inicia como una vuelta a los orígenes de Posesión infernal (1984),  y que incluso por momentos pasa por un remake no oficial de la cinta de Sam Raimi. Sin embargo vemos que no es un film de terror al uso, no únicamente porque combina este género con unos toques de humor que alivian la tensión imperante (los trabajadores del misterioso recinto que apuestan por la criatura que acabará con la vida de los muchachos, la llamada de Mordecai a sus jefes, o el irónico final de Hadley  son solo unos ejemplos de las situaciones de entroncado humor negro que pueblan la cinta), sino porque algo anómalo sucede, hay un Gran Hermano que vigila que todo sea tal como debe, o lo que es lo mismo, todos esos clichés de los que hablábamos y que inundan el cine de terror protagonizado por adolescentes tienen una razón de ser justificado en La cabaña en el bosque. La película va mostrando de esta manera secuencias que nos hacen ver que hay algo que motiva que los protagonistas se encuentren en la situación tan terrorífica a la que han de enfrentarse, pero los guionistas utilizan esos retazos de información para mantener al espectador dubitativo  y en vilo sobre ese porque. Cierto que cuándo se descubre la gran sorpresa final (con cameo de Sigourney Weaver incluido) y vemos que los jóvenes han de morir para satisfacer las ansias de unos dioses ancestrales que de lo contrario destruirían la tierra, lo único que importa es matar a los supervivientes, llegando a sugerir que un disparo bastaría, desapareciendo ahora sí de golpe y plumazo, toda la parafernalia de sufrimiento que se supone ha de rodear los sacrificios.  Una pequeña pega en un guion, como lo es el hecho de que un punto clave como es la zona de control de los recintos que mantienen cautivas a todas las criaturas sea tan fácilmente accesible, que por lo demás alimenta una cinta que es una pequeña maravilla dentro de un género bastante descafeinado en líneas generales.

Pero además del inteligente guión, la película está rodada con una agilidad en el devenir de los acontecimientos que la hacen tremendamente dinámica y por lo tanto entretenida. Y todo desde el estereotipo más manido, lo que sucede es que como la película va goteando inteligentemente información sin llegar a abrir el melón, vemos en esta repetición de esquemas una justificación. De esta manera vemos la típica presentación de personajes de rápida catalogación, el deportista, el listo, el fumeta, la chica apocada y la más liberal, cogemos una caravana rumbo  a una cabaña en un bosque inhóspito y de difícil acceso, disfrutamos la inevitable aparición en una gasolinera en medio de  la nada de un personaje amenazador que predice que algo horrible va a suceder, vivimos la fiesta en la casona, el encuentro fortuito de algo que provoca la aparición de algo maligno, la inevitable escena de sexo… una a una vamos viendo que todas las constantes del género se repiten, sin embargo la película logra ser tremendamente entretenida, ya que en su empeño por repetir clichés podría haber caído en su propio trampa y haber acabado haciendo lo mismo que otros antes, provocando el descuelgue del espectador de la trama antes de llegar al tercer acto, donde tiene lugar el giro en la historia. Giro argumental que acaba convirtiendo a los hasta entonces víctimas en verdugos para ofrecer unos veinte minutos finales de auténtica vorágine para el aficionado, todo un deambular de criaturas del género de terror conocidas, sangre, casquería y humor negro. Quizás el hecho de tratarse de una película hecha por fans y para fans del género pueda provocar en espectadores más neófitos el no terminar de entrar en el mundo que nos ofrecen Whedon y Goddard, toda una pena, porque créanme es todo un placer ir adivinado homenajes a clásicos como Viernes 13 (1980), El resplandor (1980) o Hellraiser (1986), entre una innumerable lista de películas de género que tienen su sitio en la cinta, especialmente en el momento en que descubrimos el laberinto de cubos que contienen presas a las criaturas a la espera de ser liberadas para acabar con la vida de los jóvenes seleccionados para el ritual.

Ahora que he visto la cinta por un par de ocasiones puedo afirmar que no se trata de un título de un solo visionado, algo que puede parecer de inicio, ya que se sustenta toda ella en un inteligente golpe de efecto, lo que demuestra que sus cualidades van más allá de esta sorpresa en la historia. Whedon y Goddard nos ofrecen con La cabaña en el bosque un cuidado y respetuoso ejercicio de metacine de terror  que logra arrancar el éxtasis al aficionado de pro, y que encima matiza con un humor negro e inteligente que combina a la perfección con el estilo de la cinta. Una película para ver completamente virgen, de ahí mi aviso al comienzo del presente post. Además ya lo saben, en estas películas el personaje virgen (aunque en esta ocasión como bien advierte el personaje de Sigourney Weaver “trabajamos con lo que tenemos”) al menos tiene una oportunidad.

Henry Jeckyll        
    
















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