Dirección Quentin Tarantino
Guión Quentin Tarantino
Fotografía Robert
Richardson
Música
Producción Reginald
Hudlin/Pilar Savone/Stacey Sher
Jamie
Foxx
Christoph
Waltz
Leonardo
DiCaprio
Kerry
Washington
Samuel
L. Jackson
Dennis
Christopher
Walton
Goggins
Don Johnson
Franco Nero
Bruce Dern
James Remar
Django
camina con los pies atados por unas gruesas cadenas junto a varios esclavos
más. Acaba de ser vendido. En medio de un camino en el bosque y de noche un
carruaje sale al paso de su comitiva y un educado caballero de nombre Dr. King
Schultz se interesa por este prisionero.
Cuándo los guardias que custodian al grupo de esclavos amenazan con
disparar a este extraño viajero salido de la nada, el citado Dr. reacciona
disparando a la cabeza a uno de los hombres y matando al caballo del segundo,
haciendo que el animal caiga sobre su jinete.
Intentaré
parafrasear el estilo del director de Django desencadenado, y es que este
jodido hijo de la gran puta de Tarantino lo ha vuelto a hacer. Película tras
película el director de Pulp Fiction (1994) deja constancia de que es uno de
los más grandes creadores cinematográficos de las últimas décadas, un autor con
un sello personal inconfundible, un guionista sobresaliente con un conocimiento
del cine en todas sus facetas bestial y una capacidad narrativa fuera de toda
duda.
La
película se inicia con unos títulos de crédito portentosos que nos devuelven de
golpe y porrazo a las más altas cotas del spaguetti western y que se enmarcan
con la genial canción de Luis Bacalov Django creada para el film homónimo
dirigido en 1966 por Sergio Corbucci y protagonizada por Franco Nero (impagable
el momento en que el actor italiano y el personaje interpretado por Jamie Foxx
se juntan en la barra del bar de la casa de Calvin Candie), inicio con el que Django
desencadenado ya tiene toda nuestra atención, pero apenas unos segundos más
tarde nos tiene conquistados, desde el primer momento en que entra en escena el
personaje del Dr Schultz a quien da vida con portentosa capacidad un Christoph
Waltz que nuevamente gracias a Tarantino se hizo con su segundo Oscar como
actor de reparto. La película inicia desde este momento un viaje que nos
trasladará a una particular visión del género del western por parte de un
Tarantino en constante estado de gracia y que tiene en su aparición en pantalla
en el tramo final su nota más gris, ya que su intervención mohína y sin gracia
dista de las aportaciones hechas por el director en otros títulos.
Tarantino
nos ofrece un oeste violento, sin concesiones, donde la ley del más fuerte es
la predominante, egoísta y cruel. Pero nos muestra igualmente varias
situaciones que se mueven sin ambages dentro del género de la comedia, siendo
el más fácilmente reconocible el momento en que el grupo de cuatreros liderados
por Big Daddy y que buscan a Schultz y Django para matarlos discuten sobre la
eficiencia de los sacos que cubren sus rostros entrando en una disputa entre
estos. La presencia en esta escena de Jonah Hill parecer intentar refrendar su
carácter abiertamente cómico, que sin embargo finaliza con una nueva vorágine
de muerte y sangre. Merece que nos detengamos en el tratamiento que hace Django
desencadenado de las escenas violentas. Están rodadas con una brutalidad
difícilmente vista antes en el género, implementando Tarantino su vena más
bestia en el western. Cabezas reventadas de un tiro, sangre manando a chorros,
estallidos de cuerpos según penetran las balas en estos… un estilo que tiene su
más despiadado ejemplo en el enfrentamiento de Django contra los hombres de Candie
en el interior de la propiedad de este, una auténtica escabechina de sangre
salpicando la cámara y cuerpos deformados por los impactos de bala, tiroteo que
se remarca a ritmo de rap, mezcolanza cuyo anacronismo sin embargo no chirria
en pantalla.
Sí que
es cierto que tenemos una primera hora de película algo superior al resto, que
coinciden con el mayor peso en pantalla del personaje del Dr Schultz y es que
ya solo las dos primeras intervenciones y alocuciones del personaje
interpretado por Waltz son brillantes. En ese aspecto Tarantino juega con el
espectador y con la imagen de villano que el actor austriaco había dejado
marcada a fuego en el anterior trabajo del director Malditos bastardos (2009)
haciendo creer estamos ante un nuevo personaje negativo. No es hasta el momento
en que se presenta al Marshall en el pequeño pueblo en el que acaba de asesinar
al sheriff del lugar que nos damos cuenta que en esta ocasión se trata de un
personaje positivo, personaje que se convertirá según avanza la película en el
auténtico héroe de la función. Como apuntábamos esa primera hora inicial
despunta algo más que toda la trama que versa sobre el rescate de la esposa de
Django, lo que no quiere decir que este segmento no contenga igualmente momentos
que brillan a gran altura, completando una película redonda, que no hay que ver
como un homenaje al western, al spaguetti wester, de esto tiene poco, sino que
es una traslación de las constantes de Tarantino a un espacio y periodo
diferente. Igualmente la película contiene varias tramas a lo largo de su
metraje, en una especie de tres en uno, con el episodio que ilustra el intento
de recuperar por parte del Dr Schultz y Django a la mujer de este como eje
central. Esta diversificación de las historias que se van contando (la transformación
de Django en caza recompensas, la caza de los fugitivos en la propiedad de Big
Daddy, el tramo más amplio del que ya hemos hablado o la venganza de Django)
confiere agilidad a una película que a pesar de tener una duración de dos horas
y tres cuartos en ningún momento se hace pesada.
Una vez más
Tarantino logra extraer lo mejor de los actores con los que trabaja. Si del
portento como actor de Waltz ya hemos hablado, no hay que desmerecer los
trabajos en los roles principales de un Foxx perfectamente chulo como Django y
Di Caprio dejando constancia una vez de que se trata del mejor actor de su
generación, amén de todo un grupo de secundarios que brindan igualmente interpretaciones
maravillosas, con ese excelso Samuel L. Jackson a la cabeza. Es esta una
cualidad del director, capaz de extraer lo mejor de los actores de los que se
rodea, lo mismo que sucede con el apartado musical de las obras de Quentin
Tarantino. La selección de temas que acompañan musicalmente a la película es
ecléctica y antagónica en estilo pero acaban sumando una banda sonora
excelente, una recopilación de temas que se disfrutan una vez tras otra y que
dejan constancia de la capacidad del director por encajar música e imágenes a
la perfección.
Cuándo
uno visionada varias veces consecutivamente una película de casi tres horas de
duración podemos hablar de que ese título tiene algo, una cualidad que te
invita a disfrutar de sus secuencias una vez tras otra, eso es lo que me ha
sucedido con este Django desencadenado. Cierto es que soy un gran aficionado al
cine de Tarantino (ya devorada con avidez Reservoir Dogs en VHS cuándo el
director todavía no había dado la campanada con Pulp Fiction) pero lo que sería
de ciegos es negar las cualidades de un director que ha creado toda un estilo
propio mil veces imitado y que parte de una cinefilia galopante para ofrecer al
espectador un puñado de grandes títulos que conforman una filmografía muy a
destacar. Django es un claro ejemplo de esto. Y por cierto, la D de Django es
muda.
Henry Jeckyll














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