DJANGO DESENCADENADO


(Django unchained, 2012 ) 165´

Dirección               Quentin Tarantino
Guión                    Quentin Tarantino
Fotografía             Robert Richardson
Música                  
Producción           Reginald Hudlin/Pilar Savone/Stacey Sher


Jamie Foxx
Christoph Waltz
Leonardo DiCaprio
Kerry Washington
Samuel L. Jackson
Dennis Christopher
Walton Goggins
Don Johnson
Franco Nero
Bruce Dern
James Remar

Django camina con los pies atados por unas gruesas cadenas junto a varios esclavos más. Acaba de ser vendido. En medio de un camino en el bosque y de noche un carruaje sale al paso de su comitiva y un educado caballero de nombre Dr. King Schultz se interesa por este prisionero.  Cuándo los guardias que custodian al grupo de esclavos amenazan con disparar a este extraño viajero salido de la nada, el citado Dr. reacciona disparando a la cabeza a uno de los hombres y matando al caballo del segundo, haciendo que el animal caiga sobre su jinete.


Intentaré parafrasear el estilo del director de Django desencadenado, y es que este jodido hijo de la gran puta de Tarantino lo ha vuelto a hacer. Película tras película el director de Pulp Fiction (1994) deja constancia de que es uno de los más grandes creadores cinematográficos de las últimas décadas, un autor con un sello personal inconfundible, un guionista sobresaliente con un conocimiento del cine en todas sus facetas bestial y una capacidad narrativa fuera de toda duda.

La película se inicia con unos títulos de crédito portentosos que nos devuelven de golpe y porrazo a las más altas cotas del spaguetti western y que se enmarcan con la genial canción de Luis Bacalov Django creada para el film homónimo dirigido en 1966 por Sergio Corbucci y protagonizada por Franco Nero (impagable el momento en que el actor italiano y el personaje interpretado por Jamie Foxx se juntan en la barra del bar de la casa de Calvin Candie), inicio con el que Django desencadenado ya tiene toda nuestra atención, pero apenas unos segundos más tarde nos tiene conquistados, desde el primer momento en que entra en escena el personaje del Dr Schultz a quien da vida con portentosa capacidad un Christoph Waltz que nuevamente gracias a Tarantino se hizo con su segundo Oscar como actor de reparto. La película inicia desde este momento un viaje que nos trasladará a una particular visión del género del western por parte de un Tarantino en constante estado de gracia y que tiene en su aparición en pantalla en el tramo final su nota más gris, ya que su intervención mohína y sin gracia dista de las aportaciones hechas por el director en otros títulos.

Tarantino nos ofrece un oeste violento, sin concesiones, donde la ley del más fuerte es la predominante, egoísta y cruel. Pero nos muestra igualmente varias situaciones que se mueven sin ambages dentro del género de la comedia, siendo el más fácilmente reconocible el momento en que el grupo de cuatreros liderados por Big Daddy y que buscan a Schultz y Django para matarlos discuten sobre la eficiencia de los sacos que cubren sus rostros entrando en una disputa entre estos. La presencia en esta escena de Jonah Hill parecer intentar refrendar su carácter abiertamente cómico, que sin embargo finaliza con una nueva vorágine de muerte y sangre. Merece que nos detengamos en el tratamiento que hace Django desencadenado de las escenas violentas. Están rodadas con una brutalidad difícilmente vista antes en el género, implementando Tarantino su vena más bestia en el western. Cabezas reventadas de un tiro, sangre manando a chorros, estallidos de cuerpos según penetran las balas en estos… un estilo que tiene su más despiadado ejemplo en el enfrentamiento de Django contra los hombres de Candie en el interior de la propiedad de este, una auténtica escabechina de sangre salpicando la cámara y cuerpos deformados por los impactos de bala, tiroteo que se remarca a ritmo de rap, mezcolanza cuyo anacronismo sin embargo no chirria en pantalla.

Sí que es cierto que tenemos una primera hora de película algo superior al resto, que coinciden con el mayor peso en pantalla del personaje del Dr Schultz y es que ya solo las dos primeras intervenciones y alocuciones del personaje interpretado por Waltz son brillantes. En ese aspecto Tarantino juega con el espectador y con la imagen de villano que el actor austriaco había dejado marcada a fuego en el anterior trabajo del director Malditos bastardos (2009) haciendo creer estamos ante un nuevo personaje negativo. No es hasta el momento en que se presenta al Marshall en el pequeño pueblo en el que acaba de asesinar al sheriff del lugar que nos damos cuenta que en esta ocasión se trata de un personaje positivo, personaje que se convertirá según avanza la película en el auténtico héroe de la función. Como apuntábamos esa primera hora inicial despunta algo más que toda la trama que versa sobre el rescate de la esposa de Django, lo que no quiere decir que este segmento no contenga igualmente momentos que brillan a gran altura, completando una película redonda, que no hay que ver como un homenaje al western, al spaguetti wester, de esto tiene poco, sino que es una traslación de las constantes de Tarantino a un espacio y periodo diferente. Igualmente la película contiene varias tramas a lo largo de su metraje, en una especie de tres en uno, con el episodio que ilustra el intento de recuperar por parte del Dr Schultz y Django a la mujer de este como eje central. Esta diversificación de las historias que se van contando (la transformación de Django en caza recompensas, la caza de los fugitivos en la propiedad de Big Daddy, el tramo más amplio del que ya hemos hablado o la venganza de Django) confiere agilidad a una película que a pesar de tener una duración de dos horas y tres cuartos en ningún momento se hace pesada.

Una vez más Tarantino logra extraer lo mejor de los actores con los que trabaja. Si del portento como actor de Waltz ya hemos hablado, no hay que desmerecer los trabajos en los roles principales de un Foxx perfectamente chulo como Django y Di Caprio dejando constancia una vez de que se trata del mejor actor de su generación, amén de todo un grupo de secundarios que brindan igualmente interpretaciones maravillosas, con ese excelso Samuel L. Jackson a la cabeza. Es esta una cualidad del director, capaz de extraer lo mejor de los actores de los que se rodea, lo mismo que sucede con el apartado musical de las obras de Quentin Tarantino. La selección de temas que acompañan musicalmente a la película es ecléctica y antagónica en estilo pero acaban sumando una banda sonora excelente, una recopilación de temas que se disfrutan una vez tras otra y que dejan constancia de la capacidad del director por encajar música e imágenes a la perfección.

Cuándo uno visionada varias veces consecutivamente una película de casi tres horas de duración podemos hablar de que ese título tiene algo, una cualidad que te invita a disfrutar de sus secuencias una vez tras otra, eso es lo que me ha sucedido con este Django desencadenado. Cierto es que soy un gran aficionado al cine de Tarantino (ya devorada con avidez Reservoir Dogs en VHS cuándo el director todavía no había dado la campanada con Pulp Fiction) pero lo que sería de ciegos es negar las cualidades de un director que ha creado toda un estilo propio mil veces imitado y que parte de una cinefilia galopante para ofrecer al espectador un puñado de grandes títulos que conforman una filmografía muy a destacar. Django es un claro ejemplo de esto. Y por cierto, la D de Django es muda. 

Henry Jeckyll
















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