Dirección Matthew
Bright
Guión Steven
Johnston/Matthew Bright
Fotografía Sonja Rom
Música Kennard Ramsey
Producción Hamish McAlpine/Michael Muscal
Michael Reilly Burke
Boti
Bliss
Randy
Polk
David
Schroeder
Joe
McDougall
Wayne
Morse
Steve
Whelan
Diana
Kauffman
Deborah
Offner
Ted
Bundy es un estudiante de derecho que tiene todas las papeletas para ser un
triunfador en la vida. Atractivo, elegante, buen orador, ayuda en un centro del
teléfono de la esperanza, trabaja como cooperante en el partido Republcano, una
tacha inmaculada, de no ser porque tras esta fachada de absoluta perfección se
oculta un asesino en serie de mujeres brutal, despiadado e imparable.
Todo el
mundo en mayor o menor medida conoce la figura de Ted Bundy, uno de los
psicokillers más fácilmente reconocibles por el gran público, en gran parte por
la cantidad de entrevistas y material gráfico que dejó antes de ser ejecutado,
algo que permitió conocer bastante bien a este asesino de varias decenas de
mujeres (como suele ser habitual en estos casos determinar una cifra es algo
harto complicado). Es por ello que a la hora de llevar a cabo un biopic sobre
la vida y andanzas de uno de los criminales más famosos de la historia de Norteamérica su director, Matthew
Bright, partía con una ventaja clara sobre otras figuras de este tipo y es que
ya tenía a su disposición numerosa información que le facilitaba el dar un
relato bastante fidedigno de la vida de Bundy. A pesar de ello la película no
logra ninguno de los que priori pueden parecer los objetivos base en un film de
este calado. No es una recreación acertada de la vida de Bundy, no logra
sobrecogernos en la butaca ante los hechos narrados y no es destacable como una
cinta de terror al uso. Vayamos por partes.
No es
una recreación acertada de la vida de Bundy porque si bien es cierto que
muestra las acciones del personaje central de manera que se ajustan a hechos
reales (su faceta como cleptómano, voyeur, su trabajo en la línea de la
esperanza…) lo hace tan de pasada que no
ahonda en la figura de este psicokiller. De hechos tan fundamentales para
entender el grado de degradación psicológica de Ted Bundy como son el descubrir
ya de adulto que quien se hacía pasar por su hermana en realidad era su madre,
el carácter violento y misógino de su abuelo o la relación casi enfermiza con
su primera novia y cuya ruptura dejo a Bundy sumido en la más absoluta depreseión,
apenas hay retazos vía frases sueltas o ni siquiera ni eso. Se queda en lo
superficial, en lo anecdótico y no penetra en la psique del personaje, no se
trata de justificarlo sino de entender que hubo unos antecedentes que activaron
en Bundy una tecla que posiblemente ya tuviera suelta desde su más tierna
infancia. Infancia que tampoco se muestra y eso que es igualmente un punto vital
a la hora de conocer al personaje.
No logra
sobrecogernos en la butaca porque su director comete el error de dar un
tratamiento a las secuencias de los asesinatos que van en determinadas
secuencias de lo irreal a lo cómico. Una buena muestra de esta idea la
encontramos en el momento en que Bundy persigue a una de sus víctimas a lo
largo de un bosque, secuencia mostrada con una cámara ralentizada y bajo un acompañamiento musical que
pervierte la propia esencia de una escena que debiera resultar desasosegante.
Pero igualmente cuándo se aleja de estos fallidos experimentos y trata de
mostrar secuencias más cercanas a lo brutal de los actos cometidos por el
protagonista no logra que el espectador pueda sentir la incomodidad de lo que
está sucediendo en pantalla. En ese aspecto un buen referente es Henry, retrato
de un asesino (1986), cinta que desde sus imágenes de arranque lograba
incomodar al espectador, algo de lo que este Bundy queda muy lejos. Extraña
además el tratamiento tan poco brutal de los asesinatos, mostrados de manera casi
aséptica para los horrores que tratan de ser narrados en la pantalla, no tanto
por la vía elegida por el director a la hora de abordar la truculencia de la
historia, sino por la presencia en el apartado de los efectos de maquillaje de
nombres como Tom Savini, Greg Nicotero o Roger Kurtzman, posiblemente los
profesionales más reputados en el campo de los efectos gore de los últimos
treinta años. Savini incluso sorprende al fan con un pequeño papel como agente
que interroga a Bundy la primera vez que este es detenido. Esto nos lleva a
creer que buena parte del trabajo de este trío se quedó en la sala de montaje.
Esta especie de “bajada de pantalones” por parte del director a la hora de
restar crudeza a la película queda bastante clarificada en la secuencia del
asesinato de la última víctima de Bundy, Kimberly Leach, una niña de tan solo
doce años a la que da vida una actriz que es evidentemente mucho mayor, posiblemente
para restar empaque a una situación tan desagradable por lo que estamos
presenciando.
No es
destacable como una cinta de terror al uso porque a pesar de que los acontecimientos
que se narran en la película son espeluznantes, con el plus añadido de tener la
certeza que sucedieron realmente, hay
numerosas ocasiones que el alejamiento que hace el director de la historia,
posiblemente por lo que comentaba con anterioridad de no potenciar la
brutalidad de la historia (y eso a pesar de que la película se publicitó con un
remarcado “Prohibida en USA” como cebo para amantes de las emociones fuertes)
lleva a la película a un tono extrañamente cómico, de parodia. Únicamente la
larga secuencia de la preparación de Ted Bundy para ser ejecutado, donde se
despoja de todo atisbo de dignidad al personaje, logra agarrar al espectador de
los brazos y ofrecerle una dosis de mal rato en su visionado, curioso que sea
en el momento en que la víctima se convierte en verdugo mientras que durante
toda la película hemos sido testigos de un tratamiento de los asesinatos de Bundy
sin apenas subrayar la crudeza de los mismos, como deja patente la escena del
mapa marcando los puntos de las muertes como meras muescas en un revolver bajo
un ligero fondo musical.
Respecto
a la interpretación de Michael Reilly Burke si que cabe alabar la manera en que
el actor ha enfocado a su personaje, ya que si bien es cierto que hay varios
momentos en los que juega peligrosamente en el filo de la sobreactuación, logra
contenerse, siendo su trabajo lo más destacado de la cinta, máxime donde
tenemos su participación en prácticamente el cien por cien de las escenas, algo
que podía fácilmente costarle el no ser capaz de cargar con todo el peso de la
historia sobre sus hombros.
Ted
Bundy, una película que promete mucho a priori pero que acaba por decepcionar
en cada uno de sus propósitos, algo que es una lástima teniendo en cuenta el
material base con el que se contaba para haber ofrecido una gran película sobre
el que posiblemente sea el asesino en serie más conocido por el público. Esperaremos
una nueva oportunidad, porque el personaje y su historia tienen potencial para
nuevos títulos más potentes y cercanos a la figura de este asesino.
Henry Jeckyll


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