TED BUNDY


(Ted Bundy, 2002) 95´
Dirección               Matthew Bright
Guión                    Steven Johnston/Matthew Bright
Fotografía             Sonja Rom
Música                   Kennard Ramsey
Producción           Hamish McAlpine/Michael Muscal

Michael Reilly Burke
Boti Bliss
Randy Polk
David Schroeder
Joe McDougall
Wayne Morse
Steve Whelan
Diana Kauffman
Deborah Offner








Ted Bundy es un estudiante de derecho que tiene todas las papeletas para ser un triunfador en la vida. Atractivo, elegante, buen orador, ayuda en un centro del teléfono de la esperanza, trabaja como cooperante en el partido Republcano, una tacha inmaculada, de no ser porque tras esta fachada de absoluta perfección se oculta un asesino en serie de mujeres brutal, despiadado e imparable.


Todo el mundo en mayor o menor medida conoce la figura de Ted Bundy, uno de los psicokillers más fácilmente reconocibles por el gran público, en gran parte por la cantidad de entrevistas y material gráfico que dejó antes de ser ejecutado, algo que permitió conocer bastante bien a este asesino de varias decenas de mujeres (como suele ser habitual en estos casos determinar una cifra es algo harto complicado). Es por ello que a la hora de llevar a cabo un biopic sobre la vida y andanzas de uno de los criminales más famosos de la   historia de Norteamérica su director, Matthew Bright, partía con una ventaja clara sobre otras figuras de este tipo y es que ya tenía a su disposición numerosa información que le facilitaba el dar un relato bastante fidedigno de la vida de Bundy. A pesar de ello la película no logra ninguno de los que priori pueden parecer los objetivos base en un film de este calado. No es una recreación acertada de la vida de Bundy, no logra sobrecogernos en la butaca ante los hechos narrados y no es destacable como una cinta de terror al uso. Vayamos por partes.

No es una recreación acertada de la vida de Bundy porque si bien es cierto que muestra las acciones del personaje central de manera que se ajustan a hechos reales (su faceta como cleptómano, voyeur, su trabajo en la línea de la esperanza…)  lo hace tan de pasada que no ahonda en la figura de este psicokiller. De hechos tan fundamentales para entender el grado de degradación psicológica de Ted Bundy como son el descubrir ya de adulto que quien se hacía pasar por su hermana en realidad era su madre, el carácter violento y misógino de su abuelo o la relación casi enfermiza con su primera novia y cuya ruptura dejo a Bundy sumido en la más absoluta depreseión, apenas hay retazos vía frases sueltas o ni siquiera ni eso. Se queda en lo superficial, en lo anecdótico y no penetra en la psique del personaje, no se trata de justificarlo sino de entender que hubo unos antecedentes que activaron en Bundy una tecla que posiblemente ya tuviera suelta desde su más tierna infancia. Infancia que tampoco se muestra y eso que es igualmente un punto vital a la hora de conocer al personaje.

No logra sobrecogernos en la butaca porque su director comete el error de dar un tratamiento a las secuencias de los asesinatos que van en determinadas secuencias de lo irreal a lo cómico. Una buena muestra de esta idea la encontramos en el momento en que Bundy persigue a una de sus víctimas a lo largo de un bosque, secuencia mostrada con una cámara ralentizada  y bajo un acompañamiento musical que pervierte la propia esencia de una escena que debiera resultar desasosegante. Pero igualmente cuándo se aleja de estos fallidos experimentos y trata de mostrar secuencias más cercanas a lo brutal de los actos cometidos por el protagonista no logra que el espectador pueda sentir la incomodidad de lo que está sucediendo en pantalla. En ese aspecto un buen referente es Henry, retrato de un asesino (1986), cinta que desde sus imágenes de arranque lograba incomodar al espectador, algo de lo que este Bundy queda muy lejos. Extraña además el tratamiento tan poco brutal de los asesinatos, mostrados de manera casi aséptica para los horrores que tratan de ser narrados en la pantalla, no tanto por la vía elegida por el director a la hora de abordar la truculencia de la historia, sino por la presencia en el apartado de los efectos de maquillaje de nombres como Tom Savini, Greg Nicotero o Roger Kurtzman, posiblemente los profesionales más reputados en el campo de los efectos gore de los últimos treinta años. Savini incluso sorprende al fan con un pequeño papel como agente que interroga a Bundy la primera vez que este es detenido. Esto nos lleva a creer que buena parte del trabajo de este trío se quedó en la sala de montaje. Esta especie de “bajada de pantalones” por parte del director a la hora de restar crudeza a la película queda bastante clarificada en la secuencia del asesinato de la última víctima de Bundy, Kimberly Leach, una niña de tan solo doce años a la que da vida una actriz que es evidentemente mucho mayor, posiblemente para restar empaque a una situación tan desagradable por lo que estamos presenciando.

No es destacable como una cinta de terror al uso porque a pesar de que los acontecimientos que se narran en la película son espeluznantes, con el plus añadido de tener la certeza que sucedieron realmente,  hay numerosas ocasiones que el alejamiento que hace el director de la historia, posiblemente por lo que comentaba con anterioridad de no potenciar la brutalidad de la historia (y eso a pesar de que la película se publicitó con un remarcado “Prohibida en USA” como cebo para amantes de las emociones fuertes) lleva a la película a un tono extrañamente cómico, de parodia. Únicamente la larga secuencia de la preparación de Ted Bundy para ser ejecutado, donde se despoja de todo atisbo de dignidad al personaje, logra agarrar al espectador de los brazos y ofrecerle una dosis de mal rato en su visionado, curioso que sea en el momento en que la víctima se convierte en verdugo mientras que durante toda la película hemos sido testigos de un tratamiento de los asesinatos de Bundy sin apenas subrayar la crudeza de los mismos, como deja patente la escena del mapa marcando los puntos de las muertes como meras muescas en un revolver bajo un ligero fondo musical.

Respecto a la interpretación de Michael Reilly Burke si que cabe alabar la manera en que el actor ha enfocado a su personaje, ya que si bien es cierto que hay varios momentos en los que juega peligrosamente en el filo de la sobreactuación, logra contenerse, siendo su trabajo lo más destacado de la cinta, máxime donde tenemos su participación en prácticamente el cien por cien de las escenas, algo que podía fácilmente costarle el no ser capaz de cargar con todo el peso de la historia sobre sus hombros.

Ted Bundy, una película que promete mucho a priori pero que acaba por decepcionar en cada uno de sus propósitos, algo que es una lástima teniendo en cuenta el material base con el que se contaba para haber ofrecido una gran película sobre el que posiblemente sea el asesino en serie más conocido por el público. Esperaremos una nueva oportunidad, porque el personaje y su historia tienen potencial para nuevos títulos más potentes y cercanos a la figura de este asesino.

Henry Jeckyll      

   














   

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