Dirección Don Coscarelli
Guión Don Coscarelli
Fotografía Don Coscarelli
Música Fred Myrow/Malcom Seagrave
Producción Dac
Coscarelli
Michael Baldwin
Bill Thornbury
Reggie Bannister
Angus Scrimm
David Arntzen
Susan Harper
Terrie Kalbus
Mary Ellen Shaw
Bill Cone
Lynn Eastman-Rossi
El joven
Michael observa desde la lejanía y mediante unos prismáticos el entierro de uno
de los mejores amigos de su hermano Jody. Cuándo el cortejo que asistía al
funeral se retira es testigo de cómo un hombre muy alto llega al lugar en un
coche fúnebre, coge el ataúd con el cuerpo en su interior sin apenas esfuerzo y
lo introduce en el auto para alejarse a continuación del lugar.
En 1979
un jovencísimo Don Coscarelli, que contaba por aquel entonces con veinticuatro
años, sorprendía a propios y extraños filmando una cinta tan sugerente como
extraña nacida a raíz de una pesadilla vivida por el propio cineasta.
Convertida en título de culto conviene matizar esa categoría que mantiene aún
en algunos círculos de obra maestra del terror aportando algún dato que si bien
no desmonta el hecho de que Phantasma se trata de una estupenda opera prima
llena de aciertos visuales y en menor medida conceptuales, presenta igualmente
limitaciones propias de su misma impronta de opera prima que limitan la
narrativa de la propuesta.
Hay que
destacar como Coscarelli inicia la película con una secuencia inquietante que
presenta al joven Tommy manteniendo relaciones sexuales con una atractiva joven
en un cementerio, espacio que se convertirá en epicentro de toda la película,
un escenario muy logrado y que es coronado por la inquietante fisonomía de la casona
que hace el papel de morgue, tan amenazadora en su exterior como en un interior
aséptico y cuasi onírico. La escena en cuestión es interrumpida abruptamente
por el asesinato del muchacho a manos de su compañera de cama para a
continuación mostrar un primer plano del rostro de la asesina que en un truco
tan sencillo como inquietante salta de fotograma para mostrar el rostro
hierático y amenazador del Hombre Alto. Es una carta de presentación que indica
ya una cosa, no estamos en una cinta de terror al uso, y que de hecho jugará
durante buena parte del metraje al juego del despiste con el espectador que no
sabrá muy bien por donde planea la cinta. Algo que puede sencillamente y que
posiblemente sea así deberse a un afán por parte de su director de introducir
numerosas ideas que surgieron durante la escritura del guion y que son
unificadas en una trama que trata de cohesionar toda esta caterva de ideas (las
bolas de plata voladoras con cuchillos, los enanos aterradores, una extraña e
inquietante morgue, la secuencia de cuerpos saliendo de sus tumbas, la idea
sobre otras dimensiones…). Esto hace que por una parte la película tenga esa
aura tan psicodélica y surrealista propia de un guion tan confuso a la hora de
intentar unir las piezas del puzzle que lo conforman y que termina por elegir
una idea bastante sencilla (todo se trata de una pesadilla del protagonista, ¿o
no es así?). Sin embargo este encaje de bolillos funciona como bien podía haber
hecho naufragar la propuesta, idea que se refrenda en el hecho de que
Coscarelli no ha logrado crear una carrera cinematográfica aparte de la saga
que iniciaría a raíz del éxito de Phantasma (aunque también fuera el
responsable de la entretenida El señor de las bestias).
En su
contra la película cuenta con el hecho de un montaje algo confuso que tiene su
principal escollo a la hora de hilvanar las secuencias, algo que en no pocos
momentos da como resultado algo artificial y carente de ritmo en su concatenación,
no dotando de continuidad a estas escenas, limitación en el terreno del montaje
que Coscarelli supo suplir con la presentación de estupendas secuencias independientes
como el ataque de la bola voladora, la amputación de los dedos del Hombre Alto
tras quedar atrapados en la puerta que ha cerrado el protagonista para evitar
ser atrapado, la aparición de este siniestro personaje tras la ventana de la
casa Michael, la escena en la que el joven protagonista despierta en su cama en
medio del cementerio con el Hombre Alto tras él y unos cuerpos emergiendo de la
tierra para atraparle… como apuntábamos hay un montón de buenas ideas puestas
ahí para asustar al público pero que carecen de un mejor armazón que nos haga
creer la propuesta, siendo por momentos retales de sustos sueltos. En líneas
generales funciona, pero no llega a hacernos creernos que el propio Coscarelli
supiera en todo momento lo que estaba haciendo, no podemos hablar de gran
película porque no lo es, a pesar de sus aciertos en el terreno visual, que
tiene unos cuántos, como lo son ciertas ideas a la hora de colocar la cámara en
el interior del ataúd en el momento en que Michael se esconde en uno para no
ser descubierto en su expedición a la morgue o la manera en que esta se
convierte en los prismáticos que ven como el Hombre Alto se lleva en volandas
el féretro que porta a Tommy, donde la cámara se torna en subjetiva para
convertirse en los ojos de Michael.
La
película se hace acompañar de una banda sonora plagada de un aura de psicodelia
tan propia de la época, con una predominación de los sintetizadores y los
sonidos eléctricos que a pesar de que en algún momento llegan a resultar
cargantes, en general suponen un acertado fondo dentro del propio surrealismo
que destila toda la película. En ese sentido es una hija de su tiempo, tanto
por el tempo utilizado, pausado pero no pesado, como por una estética setentera
en todos los aspectos que la enmarcan perfectamente dentro de un tiempo y lugar
concretos.
Con los
personajes principales pasa como con el resto de la película, no llegan a ser
creíbles, su forma de actuar, con un Michael que con tan solo trece años lleva
a cabo acciones impensables como enfrentarse cuchillo en mano a una amenaza
como la que puebla la cinta, lo mismo que sucede con su hermano y el amigo de
este, un Reggie Bannister que serviría de nexo que daría unidad a toda la saga
posterior. Otra cosa es la aparición en escena del Hombre Alto, una amenaza que
realmente logra amedrentar mediante el uso de una mirada aterradora en su
expresión y sus ademanes pausados pero decididos, no llegaría al status de
mitos de la categoría de Krueguers, Voorhees o Myers pero logra representar y
servir de hilo conductor maligno a toda la saga con nota. Pero como decíamos, la
simplista creación de estos personajes reafirma la idea apuntada ya con
anterioridad de que Coscarelli volcó todos sus esfuerzos en la creación de las
secuencias impactantes que pueblan la película, dejando de lado el propio
armazón que sostendría la propuesta, posiblemente de haber mejorado este
aspecto sí que habría que hablar de una obra maestra del terror.
Lamentablemente no es este el caso.
Henry Jeckyll















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