(Blade,
1998) 120´
Dirección Stepehn Norrington
Guión David S. Goyer
Fotografía Theo Van De Sande
Música Mark
Isham
Producción Robert
Engelman/Peter Frankfurt/Wesley Snipes
Wesley Snipes
Stephen Dorff
Kris Kristofferson
N´Bushe Wright
Donal Logue
Udo Kier
Arly Jover
Tracy Lords
Kevin Patrick Walls
Tim
Guinee
Blade es
un hombre nacido de una mujer que antes de dar a luz fue mordida por un
vampiro, con lo que cuenta con lo mejor de ambas razas. Dedicado a buscar y
exterminar a todos los vampiros posibles, se obsesiona con la figura de un
joven y ambicioso no muerto volcado en la tarea de despertar una antigua
leyenda por la cual llegaría a poder dominar el mundo. Lo que desconoce es que
Deacon Frost, el nombre de su rival, es quien mordió a su madre instantes antes
de su nacimiento, convirtiéndolo en lo que es, como dicen sus enemigos “el que
ha visto la luz”.
Momento
justicia, y es que si bien se apunta generalmente a que fue el éxito de X-Men
(2000) lo que propició el boom de adaptaciones cinematográficas de héroes del
comic que a día de hoy continua en pleno auge y creciendo, no podemos olvidar
que dos años atrás se había estrenado Blade, el primer gran éxito de Marvel en
su cuasi obsesión de varias décadas por llevar al cine sus obras de papel. Sería necesario recordar las infaustas
adaptaciones que de Spiderman se llevaron a cabo a finales de los setenta, lo
mismo que los seriales de El increíble Hulk o Los vengadores en su pobre
versión de 1978, hasta llegar a la adaptación del Capitán América producida por
la fenecida productora Cannon y dirigida por Albert Pyun. Solo Blade y sus más
de cien millones de euros de recaudación abrieron la veda no solo para iniciar
una saga compuesta por tres títulos y
una serie para televisión hasta el día de hoy, sino que demostraron que se
podía reventar la taquilla con productos cuidados en el terreno de la
producción y fieles a sus orígenes ilustrados. Y a día de hoy en eso seguimos.
Lo
primero que sorprende, y gratamente, de Blade es que mantiene ese estilo adulto
propio de este personaje encuadrado en la saga “Hijos de la medianoche”
protagonizada por un grupo de antihéroes en la línea de Motorista fantasma,
Morbius. La película no cede de cara a una mayor explotación comercial
edulcorando la trama y la manera de presentar la historia, algo habitual en el
cine de hoy en día, y que dota todavía de más valor a la carrera en taquilla de
este film, ya que esta estuvo limitada por su calificación moral. Blade es una
cinta violenta, llena de sangre y momentos de gore que se combinan
magistralmente con una acción adrenalítica cuasi constante y que presenta un
universo vampírico muy bien definido a la par que interesante en tanto pretende
que estos seres se encuentran infiltrados en nuestra sociedad a todos los niveles,
controlando las finanzas, la justicia, la política…idea que se fusiona con el
hecho de la convivencia entre vampiros puros, la élite de estos y lo que
podíamos definir como contagiados, ambas clases sociales mostradas con gran
acierto mediante la contraposición del consejo de hieráticos vampiros de
ademanes clásicos con las hordas de jóvenes adictos a la fiesta comandados por
Deacon Frost. El guion es obra de David S. Goyer (artífice de la celebrada
trilogía sobre Batman dirigida por Christopher Nolan) y eso se nota en que son
muchas las buenas ideas que pululan por la historia, aunque no todas puedan
desarrollarse lo que debieran. Con una más que correcta presentación de nuestro
protagonista sin necesidad de dedicarle todo un largometraje, igualmente el
villano de la función ejerce de perfecto contrapunto al héroe, demostrando
Goyer todo su conocimiento del mundo de los tebeos, área artística para la que
también se prestaría como guionista paralelamente
a una generalmente fructífera carrera en el cine y que dentro de la propia saga
de Blade le llevaría a dirigir la última de sus entregas, Blade Trinity (2004).
Wesley
Snipes ejecuta con Blade una película construida a su medida, algo cimentado
desde su labor como productor ejecutivo a través de su productora Amen Ra logrando
encajar como un guante en un personaje adaptado al máximo al potencial del
intérprete. A día de hoy no podemos imaginar a ningún otro actor en el papel de
este caza vampiros moderno, a quien dota Snipes de una chulería y unas maneras
de sobrado que le sientan a la perfección a un personaje tan atípico. Pero
Snipes no se limita a dotar de un físico realmente brutal a Blade, ya que le
anexa a este los conocimientos que el
actor posee en varias disciplinas de artes marciales, llegando incluso a ayudar
en las coreografías de las luchas, en una implicación en la producción máxima
que tuvo su recompensa en el éxito de la película y con ello en la
consideración de estrella que obtuvo Snipes. Junto al actor protagonista cabe
destacar como apuntábamos con anterioridad el perfecto contrapunto que un
estupendo Stephen Dorff ejerce con el personaje bravucón de Deacon Frost,
némesis por una parte de Blade pero que a su vez se erige como una especie de
padre de su vertiente vampírica, idea que no es demasiado explotada centrándose
la cinta en la relación cuasi incestuosa entre el protagonista y su madre, ya
totalmente convertida en vampiro. Metidos en harina con el grupo de intérpretes
igual de interesantes resultan las incorporaciones de Whistler como típico mentor
de Blade a quien da vida un desarrapado Kris Kristofferson y una Karen en el
papel de recién incorporada a la fuerza al grupo de caza vampiros, en un rol
que va más allá de la mera comparsa ante la ingente cantidad de testosterona
que rezuma la cinta y que plantea una línea argumental a tener en cuenta con el
tema del suero de Blade y la utilización del tema del vampirismo como una
enfermedad y por lo tanto curable.
La
cinta dirigida por Stephen Norrington, tiene
un ritmo endiablado marcado ya desde la misma secuencia de inicio (con la
participación de la estrella del porno Tracy Lords en un papelito para fans)
que con la música de The Prodigy sirve de perfecta carta de presentación del
personaje de Blade. Constantes peleas cuerpo a cuerpo muy bien coreografiadas y
rodadas que se combinan con una interesante trama central y numerosos guiños
para aficionados al cine de vampiros en un intento por satisfacer a varios
tipos de espectadores dan como resultado un título que conserva todo el atractivo de hace
dieciséis años y que incluso a nivel visual mantiene intacta su capacidad de
innovación, máxime en una película muy personal en dicho terreno, tanto a nivel de efectos ópticos como de
fotografía. A día de hoy puede resultar incluso demasiado visto pero el uso de
la cámara acelerada mostrando el avance de los días en apenas segundos o la
ralentización de algunas escenas (y si, antes de Matrix (1999)) son efectos que
evidencian el cuidado puesto en la realización de un título que no es ya que
sea una estupenda adaptación cinematográfica o una muy potente cinta de acción
y vampiros, sino que sentó cátedra a la hora de
dar el pistoletazo de salida a este nuevo subgénero tan explotado en los
últimos años (y lo que queda por delante) como son las adaptaciones al cine de
los comics de superhéroes. No lo olvidemos, fué Blade quien inauguro dos años
antes de su llegada el nuevo milenio en este tipo de películas.
Henry Jeckyll













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