LOS MERCENARIOS

(The expendables, 2010) 99´
Dirección              Sylvester Stallone
Guión                    Dave Callaham/Sylvester Stallone
Fotografía            Jeffrey Kimball
Música                  Brian Tyler
Producción          Avi Lerner/Kevin King Templeton/John Thompson

Sylvester Stallone
Jason Statham
Jet Li
Dolph Lundgren
Terry Crews
David Couture
Eric Roberts
Mickey Rourke
Steve Austin
David Zayas
Gary Daniels
Giselle Itié
Charisma Carpenter





Un grupo de piratas mantiene secuestrados a varios trabajadores en un barco en medio del océano. Cuándo se disponen a ejecutar a varios de estos para que se les pague el importe del rescate un grupo de hombres fuertemente armados irrumpen en la embarcación iniciándose un brutal tiroteo que finaliza con la totalidad de piratas abatidos bajo el fuego de los seis mercenarios.


Película nacida del empeño de Sylvester Stallone, responsable de la historia y encargado de dirigir y protagonizar la cinta, de rendir un confeso homenaje al cine de acción de los ochenta, caracterizado por un uso exacerbado de la violencia, la ausencia, frente a lo que sucede hoy en día, de límites morales ante lo políticamente correcto a la hora de contar las historias y la participación de una serie de actores carismáticos dentro del género encargados de sostener el peso de la película, siendo el propio Stallone uno de los más exitosos de dicha época. Cabe destacar como el actor protagonista de sagas tan exitosas y rentables como Rocky o Rambo ha logrado a base de tesón y esfuerzo juntar a todo un grupo de intérpretes adalid del género de acción de épocas pasadas, tomando prestados por el camino a varios actores destacados del género de acción de los noventa, siendo esta la primera trampa de la película, recurriendo no solo a estrellas de los ochenta. La segunda treta se encuentra en que si bien Los mercenarios es fiel a sus principios de homenajear el cine de acción de los ochenta en base a una historia simple y basada en la confrontación entre malos muy malos y buenos muy buenos, y la utilización de secuencias plagadas de peleas cuerpo a cuerpo, explosiones, tiros y muertes (en el primer enfrentamiento entre Stallone y Statham con los hombres del general Garza se habla de más de cuarenta soldados asesinados y a fe de lo mostrado en pantalla es bastante factible esta cifra), hay que  desenmascarar la utilización en no pocos momentos de efectos infográficos a la hora de mostrar los efectos de la sangre, ciertas amputaciones de miembros o la propia muerte del personaje de Paine      quemado vivo, algo que se entiende por la mayor facilidad y el abaratamiento de costes que suponen hoy en día el uso de este tipo de efectos. Pero ese no era el trato y lo honesto habría sido usar técnicas propias de esos años, donde las explosiones, tiroteos y escenas de acción eran cien por cien  reales. A pesar de este pero buena parte de lo que se ve en pantalla es real, o eso al menos es lo que se constata en base a la ingente cantidad de especialistas citados en los títulos de crédito finales que han participado en el rodaje de la película.

Stallone arma una historia prototípica del género de décadas pasadas donde los protagonistas se enfrentan a un pérfido dictador cuyos soldados visten indumentaria que recuerda vagamente a un conocido líder sudamericano recientemente fallecido y no muy bien visto en Estados Unidos. Quizás fallé la inexistencia de algo más de tensión dramática ya que apenas se plantean problemas para el grupo de mercenarios protagonistas que solventan las más complejas misiones sin apenas despeinarse. Igualmente le sobra el personaje al que da vida Charisma Carpenter como recurso romántico de Jason Statham a no ser claro está por la tópica secuencia en la que el solo se encarga de dar una paliza al maltratador novio de la chica y amigos, otro de esos momentos clásicos necesarios de rememorar. Sí que hay que alabar por el contrario el trabajo de construcción de los personajes y como Stallone, a pesar de ser protagonista de la cinta con una aparición casi constante en pantalla, cede sus momentos de gloria a sus compañeros de armas, lo que les permite lucirse en sus respectivas modalidades. Así Jet Li nos ofrece un recital de patadas acordes a su extraordinaria agilidad, Lundgren (lo mejor de la cinta como atestigua el hecho de ser recuperado en el tramo final de cara a posibles secuelas a pesar de morir a mitad de metraje) ofrece varios momentos de adorable locura, Terry Crews ofrece una escena en la que maneja con desenfadada soltura un arma capaz de despedazar a sus enemigos,  Randy Couture, luchador profesional,  ofrece una pelea que rememora sus momentos de gloria junto a Steve Austin otro profesional de tan particular deporte y Rourke se recrea en un monólogo a través del cual nos indica que tras esa irreconocible fachada que nada tiene que ver con el mito sexual que protagonizara Nueve semanas y media (1986) se esconde un buen actor. Statham es el más beneficiado de todo el reparto coral, ya que participa como co protagonista junto a su compañero, un Stallone que sigue demostrando tener un físico impresionante a sus sesenta y cuatro años (se quita la camiseta para atestiguarlo en una secuencia escrita ex profeso para ello) aunque su rostro acumule los excesos de infinidad de operaciones de cirugía estética, lo que resta expresividad a unas facciones ya de por si poco dadas a la elocuencia. Por su parte Eric Roberts nos ofrece un malvado de altura (el hermano de Julia Roberts siempre ha estado más cómodo en roles de villano que como héroe). Otro de los elementos destacables del guion es la inserción constante de guiños en los diálogos y sorpresas vía cameos que harán que el aficionado al género salte de placer en su butaca en varios momentos.

La cinta está filmada de manera correcta por un Stallone que resulta especialmente airoso en las secuencias de acción, mostradas con la suficiente habilidad para que el espectador disfrute del recital de peleas y tiroteos sin incurrir en el recurso actual de bombardear la pantalla con infinidad de planos rápidos y cortos que imposibilitan al espectador ver lo que sucede ante sus ojos llegando a resultar en no pocas ocasiones mareante. Bien  por Stallone, que en esta ocasión no incurre en modas visuales actuales y sigue las pautas de estilo del cine al que homenajea.

Hay que reconocer en último lugar el esfuerzo de Stallone por construir y montar una película como puro homenaje a todo un estilo dentro del género de la acción que en los años ochenta no se preocupaba por construir personajes complejos ni trataba de ser políticamente correcto o justificar todo lo acontecido en la pantalla, limitándose a ser mero espectáculo pirotécnico plagado de peleas, explosiones, tiros y persecuciones. Género que además propicio al propio actor convertirse en toda una estrella cinematográfica de primer orden, por lo que puede entenderse la película como una devolución del favor. En ese sentido Los mercenarios cumple con nota su cometido principal y resultará un entrañable ejercicio de nostalgia para todos los amantes del cine de acción más bestia de los años ochenta. Su éxito propiciaría además el nacimiento de una franquicia que ha ido ampliando el universo de personajes que aparecen en sus títulos, en un  ejercicio de nostalgia lleno de balas y fuego pero nostalgia al fin y al cabo.

Henry Jeckyll            


















No hay comentarios:

Publicar un comentario